Los robots humanoides han sido durante décadas protagonistas de la ciencia ficción. Sin embargo, la realidad tecnológica avanza hacia convertirlos en parte de nuestra vida cotidiana. En enero de 2025, durante la exposición Zhangjiang Robotics Valley, la compañía DroidUp (Zhuohide Robotics) presentó a Moya, la Humana Biónica, un androide diseñado para parecer lo más humano posible.
Con expresiones faciales, marcha realista y un cuerpo suave al tacto, Moya busca diferenciarse de la ‘imagen de acero’ que suele asociarse a los robots. La empresa planea que Moya sea altamente personalizable, tanto en apariencia como en funciones, lo que abre la puerta a su integración en múltiples industrias.
El fundador de la empresa, Li Qingdu, afirmó que su intención era alejarse de la frialdad mecánica de otros robots humanoides. Sin embargo, la apuesta por un diseño tan cercano al humano puede ser contraproducente según la teoría del ‘valle inquietante’.
El concepto fue acuñado en los años 70 por Masahiro Mori, profesor del Instituto de Tecnología de Tokio. Según Mori, cuanto más se parece un robot a un humano, mayor es la afinidad que genera. Sin embargo, al alcanzar cierto nivel de realismo imperfecto, esa afinidad se desploma y se convierte en rechazo.
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Características principales de Moya
- Moya mide 1,65 metros y pesa 32 kilogramos, proporciones similares a las de un adulto promedio.
- Su superficie, recubierta de silicona suave y ecológica, mantiene una temperatura corporal de entre 32 y 36 grados Celsius, lo que contribuye a una sensación táctil muy cercana a la piel humana.
- La cabeza incorpora 25 actuadores capaces de simular expresiones faciales sofisticadas, mientras que su cuerpo cuenta con 16 articulaciones, logrando un 92% de similitud en el movimiento al caminar.
- Entre las características más avanzadas de Moya destaca su habilidad para realizar contacto visual sostenido, sonreír, asentir y mostrar emociones a través de gestos.
- Durante la presentación, reporteros y asistentes al evento describieron la experiencia de interactuar con el robot como sorprendente y, en ocasiones, perturbadora por su nivel de realismo.
- El cerebro de Moya está alimentado por un modelo de lenguaje avanzado, lo que le permite recordar el contexto de las conversaciones y adaptar sus respuestas en función de las emociones detectadas en su interlocutor.
- En materia de seguridad y adaptabilidad, el robot humanoide incorporó sensores 3D, sistema anticolisión y materiales elásticos que reducen el impacto físico hasta en un 90%.
- Su diseño modular facilita la personalización del aspecto exterior sin modificar la estructura mecánica, permitiendo que el robot se adapte a diferentes contextos, desde entornos sanitarios hasta oficinas, comercios o espacios educativos.
Foto: DroidUp.
