La nube ya no es solo una herramienta para empresas tecnológicas: se ha convertido en infraestructura crítica para sectores tan diversos como la salud, la educación, la banca y el entretenimiento. Lo que comenzó como una solución de almacenamiento remoto ha evolucionado hacia un ecosistema ubicuo, donde la potencia de cálculo y la inteligencia artificial se entrelazan en tiempo real sobre nuestras ciudades.
Ya no hablamos de ‘subir archivos’ sino de habitar un entorno donde la latencia es prácticamente inexistente y la capacidad de procesamiento es infinita. La nube es una red invisible, pero su impacto es más tangible que nunca: un motor de innovación que democratiza el acceso a herramientas que, hasta hace poco, parecían ciencia ficción. En 2026, millones de transacciones financieras, diagnósticos médicos y clases virtuales dependen de servidores de nube distribuidos en todo el mundo.
TE PUEDE INTERESAR:: Microsoft apuesta por superconductores para reducir el tamaño de los centros de datos

Foto: imagen generada con inteligencia artificial.
Fuentes: Google, IDC Report, Gartner Insights, Naciones Unidas, Statista Report.
