Más que una herramienta, la ciberseguridad es hoy el termómetro de la competitividad empresarial. En un mundo donde los ataques no dan tregua, depender de soluciones básicas es quedarse rezagado. Las compañías que lideran el mercado han entendido que proteger la información es, en realidad, abrir la puerta a la innovación.
Al ser proactivas, estas organizaciones integran inteligencia artificial (IA) y flexibilidad laboral a un ritmo que la competencia, estancada en modelos de seguridad reactivos, simplemente no puede seguir.
Para analizar esta evolución, en FOLOU conversamos con Alexander Ramírez Duque, director ejecutivo de Frontech – ESET Colombia. El directivo sostiene que la industrialización de las amenazas digitales ha elevado la seguridad a un nivel estratégico. Bajo la premisa de que «el riesgo rara vez grita; casi siempre susurra», Ramírez Duque asegura que hoy la ciberseguridad no es un costo, sino el habilitador que impulsa la competitividad del negocio.
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FOLOU: ¿Cuál es el cambio más crítico que ha notado en la sofisticación de los ataques dirigidos a empresas en Colombia y Latinoamérica?
Alexander Ramírez Duque: El cambio más relevante es la industrialización del cibercrimen. Lo que antes requería un atacante altamente calificado, hoy se ejecuta con modelos de ‘crimen como servicio’ y automatización basada en inteligencia artificial. Esto significa dos cosas para las empresas colombianas: el costo de atacar bajó y la velocidad de ejecución subió.
Ya no hablamos de amenazas esporádicas, sino de campañas continuas, personalizadas y multicanal —correo, identidad digital, cadena de suministro— que buscan el eslabón más débil del negocio, no necesariamente el más técnico. La sofisticación ya no está solo en el malware; está en la ingeniería social y en el conocimiento del contexto de cada víctima.
FOLOU: Si el atacante es más rápido y automatizado, ¿cómo están ayudando las soluciones de ESET a que las organizaciones recuperen la ventaja?
Alexander Ramírez Duque: Si el adversario escala con automatización, la defensa también debe hacerlo, pero con inteligencia. En ESET llevamos más de tres décadas investigando amenazas, lo que nos permite ofrecer tecnología que no solo detecta lo conocido, sino que identifica comportamientos extraños en tiempo real.
Soluciones como ESET PROTECT, XDR e Inspect permiten a las empresas pasar de una defensa reactiva a una postura predictiva. En Frontech complementamos esa tecnología con acompañamiento consultivo local. Ninguna herramienta, por sofisticada que sea, reemplaza la correcta interpretación del riesgo en el contexto específico de cada negocio.
FOLOU: Muchos empresarios ven la seguridad como un freno. ¿Cómo transformar una postura proactiva en la capacidad de una empresa para innovar y crecer?
Alexander Ramírez Duque: Es todo lo contrario a un freno. Una empresa protegida puede adoptar nube, inteligencia artificial y trabajo híbrido con velocidad y confianza. Una empresa insegura, simplemente no puede hacerlo sin asumir un riesgo inaceptable.
En mercados como el nuestro, la seguridad bien gestionada se traduce en tres beneficios concretos:
- Acceso a clientes corporativos más exigentes.
- Cumplimiento regulatorio ágil.
- Protección de la reputación, que es el activo más caro de reconstruir.
Invertir en seguridad no frena el crecimiento; lo protege y lo acelera.
FOLOU: Para terminar, ¿cuál es la principal señal que las empresas suelen pasar por alto y que podría evitar un desastre si se detectara a tiempo?
Alexander Ramírez Duque: La señal más subestimada es la actividad anómala de credenciales legítimas. La mayoría de los incidentes graves no empiezan con un virus espectacular, sino con un usuario autorizado comportándose de forma inusual: accesos a horas atípicas o desde geografías nuevas.
Las organizaciones suelen descartar esas alertas por considerarlas ‘ruido’, y ahí es donde la inteligencia de amenazas marca la diferencia. El sistema contextualiza esa señal y permite tomar una decisión antes de que el atacante escale posiciones. Como suelo decir: el riesgo rara vez grita; casi siempre susurra. Hay que saber escuchar.
Foto: Markus Spiske en Unsplash.
